Todo comenzó el primer día de clases, niños y niñas de distintos lugares nos reuníamos para empezar un nuevo curso escolar, quedaba algunas mesas vacías y nos preguntábamos si con el tiempo se ocuparían.
Íbamos conociéndonos poco a poco, nos relacionábamos y compartíamos cada momento, un poco más cada día, hasta que un mes después de empezadas las clases se presentó un alumno nuevo en el instituto.
El niño se llamaba Bruno, de tamaño mediano, pelo rubio y ojos azules. Al entrar no saludó y se sentó en la última mesa del aula, no quitaba la mirada de la ventana y no prestaba atención a lo que la profesora explicaba
Un día, la profesora señaló a Bruno y le dijo que atendiera y se pusiera en una silla cerca de ella, pues prestaría más atención en la parte delantera de la clase. Entonces él contestó que no quería.
La profesora se enfadó tanto que le replicó que si no se ponía delante ,al lado de ella, le pondría un negativo. El insistió en que no quería, pero tampoco le hacía gracia un negativo, porque siempre sacaba notas excelentes.
Ante esa actitud la profesora pensó en hablar con él después de las clases, ya que estaba perdiendo mucho tiempo, y quería terminar el tema que estaba dando.
Cuando por fin llegó la hora se reunió con Bruno en su despacho para explicarle que en sus clases las normas las ponía ella y que por supuesto no iba a tolerar una desobediencia más por su parte.
Bruno comenzó a sentirse mal y le explicó angustiado el motivo de su actitud. Miraba por la ventana por miedo a las tormentas y a los vientos extremos, pues de donde venía él era muy habitual, y en su país siempre se refugia en la parte trasera de las clases.
Bruno contó a la profesora como en un día de mucha lluvia, en su anterior ciudad, (Calcuta), empezó a llover con tal fuerza que no pudieron salir de las aulas. Cayeron goteras con mucha fuerza, y se inundó la clase. El agua les llegaba casi al cuello. Cuando el conserje abrió la puerta para que se fueran a sus casas, salió el agua con tanta velocidad que se llevó al conserje y a la mayoría de sus compañeros ,pero él fue uno de los privilegiados porque se pudo subir encima del armario donde se dejaban los libros.
Cuando pasó el temporal, pudo salir de allí pero se dio cuenta de que su colegio había quedado hecho una ruina, y no tenía compañeros, entonces se echó a llorar.
Después de un largo tiempo caminando llegó a su casa y comprobó que también se había inundado y que su familia no estaba. Sin saber como, empezó a correr y no encontró a nadie por el camino. Cansado de tanto correr se paró debajo de un árbol a descansar, de pronto oyó unos gritos, las voces le parecían conocidas pero al intentar gritar para que supieran que estaba allí no le salía la voz, por más que lo intentaba no podía y decidió ir hacia las voces.
Cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que las voces eran de sus padres, que estaban angustiados porque no sabían donde se encontraba y lo estaban buscando, ya que ellos y su hermana se habían podido refugiar y habían sobrevivido.
Por este motivo y por la sucesión de muchas tormentas sus padres decidieron venirse a vivir a España, y se encontraba en este instituto, el cual le parecía fantástico, aunque el miedo de las posibles lluvias y vientos no desaparecía.
Ante esta tragedia, la profesora decidió que podía permanecer en su sitio, pero siempre y cuando fuera participe de las clases, y cualquier problema o miedo se lo dijera.
Bruno fue poco a poco participando y haciendo amistades, logrando sacar mejores notas que nunca , dejando sus miedos atrás.
Hoy en día, ha terminado sus estudios en e Instituto y ha comenzado a estudiar Medicina, pues nos contaba que quería hacer una carrera en la que pudiera ayudar a las personas indefensas como él se sintió en los momentos vividos en su infancia.
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